El sábado 5 de mayo River Plate recibió en su estadio a Gimnasia y Esgrima de Jujuy. El equipo de Almeyda estaba obligado a ganar y sus hinchas, dominados por la impaciencia, se lo hicieron saber en cada instante del partido.  Del otro lado se encontraba el equipo jujeño, acompañado por una caravana de más de 4.000 hinchas provenientes del norte. Ingeniosos cánticos, banderas, bombos, bengalas y todo tipo de cotillón, sirvieron para que el folclore futbolero sea el protagonista de la tarde.  Con las entradas totalmente agotadas, el partido también se jugó en las tribunas.

Pasadas las 16 , era cada vez mayor la cantidad de hinchas riveplatenses que se acercaban  al Estadio Antonio Vespusio Liberti para cumplir con un único objetivo: alentar a su equipo. Aún faltaba mucho para el comienzo del encuentro, pero la gran cantidad de gente que se concentraba en los accesos a las distintas tribunas demostraba que no iba a ser un partido cualquiera. La fila para ingresar a la tribuna “Enrique Omar Sívori”, popular local, superaba casi las tres cuadras. Todo esto era lógico teniendo en cuenta que en la semana previa se agotaron todas las plateas y populares puestas a la venta . “Hoy se sabía que iba a ser así, por la situación de River y estando en la recta final del torneo, era más que obvio que había que venir más temprano que nunca”, afirmó Ernesto Villas, encargado de los cacheos de seguridad ubicados en la intersección de la Avenida Figueroa Alcorta y Udaondo.

En el otro extremo del estadio, por la Avenida Quinteros, ingresaban pasivamente los hinchas del equipo visitante. Durante la semana previa, se había especulado mucho sobre la excesiva cantidad de entradas que la dirigencia riverplatense le había otorgado al club jujeño, pero ante la sorpresa de todos, los hinchas de Gimnasia agotaron las 4.500 entradas disponibles. Una caravana de aproximadamente 60 colectivos arribó al Monumental pasadas las 17 . No fue un viaje barato para los simpatizantes del “lobo jujeño”, ya que el paquete que incluía traslado, entrada y un clásico “chori” de cancha, costaba alrededor de 550 pesos. El rostro de los hinchas que bajaban de los ómnibus evidenciaba un gran cansancio, fruto de un viaje de interminables horas. “Gasté la mitad de mi sueldo en venir hasta acá, pero no me importa, me moría de ganas de conocer la cancha de River”, afirmó eufóricamente Cristian Fretes, fanático de Gimnasia.

El tatuaje de Walter Codias.
FOTO: Marcos Carcavallo

Si hay algo que caracteriza al fútbol argentino es justamente su folclore. Personajes de los más extraños llamaron la atención por sus particular vestimenta o por sus exóticas cábalas. “Ya no podemos perder más puntos, hoy hay que ganar sí o sí. Como cábala, me vine caminando desde Estación Rivadavia”, comentó alegremente Walter Codias, uno de los tantos fanáticos de River Plate que ansiaba por la victoria de su equipo. “Hoy es un día especial porque estreno tatuaje de River”, agregó Codias. A una hora de comenzar el partido, todo el caudal de hinchas que transitaba por la Avenida Figueroa Alcorta puso su mirada en un Ford Falcon que estacionó justo en la esquina. Lo particular de este vehículo es que estaba pintado con los colores de River y decorado con una enorme variedad de afiches y carteles de dicho equipo.  Los hinchas jujeños, también hicieron sus promesas. “Voy a estar todo el partido con esta máscara de lobo. Aunque me cuesta respirar, siempre me trae suerte”, comentó Jesús Martel, simpatizante de Gimnasia y gran creyente de las cábalas.

Los hinchas hacen cualquier cosa para demostrar su pasión.
FOTO: Marcos Carcavallo

En los minutos previos al comienzo del certamen, el marco de las tribunas era impactante. El estadio estaba prácticamente repleto. Tanto las populares, como las plateas laterales, rebalsaban de gente. Por el lado de la popular local, la barra del club de Nuñez, denominada “Los Borrachos del Tablón”, ingresaba poco a poco con sus respectivos bombos y con todas sus banderas. A su vez, se iban repartiendo entre los hinchas globos rojos y blancos, lo que brindaba un gran colorido a la tribuna. Por otro lado, en la popular visitante, los fanáticos del “lobo” entonaban fuertemente sus canciones, mientras desplegaban una enorme bandera argentina. Para el recibimiento a su equipo, encendieron una gran cantidad de bengalas de humo, lo que a su vez dificultó la visibilidad en los primeros segundos del encuentro. Ambas hinchadas comenzaron la tarde aportando mucho color y fervor. Sólo restaba el buen fútbol.

Las entradas se agotaron cuatro días antes del partido.
FOTO: Marcos Carcavallo

El transcurso del partido se vivió con mucha intensidad. La hinchada local se mostró muy confiada los primeros minutos, cantando y saltando eufóricamente, casi sin importarle lo que sucedía en el campo de juego. “No alcanzan las tribunas, no alcanzan las entradas, les demostramos lo que es River en las malas”, entonaban alegremente tanto la platea como la popular. La parcialidad visitante, a pesar de su inferioridad numérica, se hacía notar mediante sus 12 bombos, los cuales  sonaban y sonaban casi sin parar. La poca emoción que ofrecía el partido no parecía poder apagar la euforia que se vivía en las tribunas. El entretiempo serviría de descanso para las más de 60.000 gargantas que hasta el momento eran las únicas protagonistas de un aburrido partido que aún no ofrecía goles. Era evidente que el segundo tiempo no iba a ser igual de festivo, por lo menos por parte de los hinchas riverplatenses, que poco a poco iban perdido la paciencia.

La impaciencia de los hinchas jugó en contra del equipo de Almeyda.
FOTO: Marcos Carcavallo

En los primeros minutos de la segunda parte del juego, la presión de la parcialidad local sobre sus jugadores se empezó a sentir cada vez más. “Como nos gusta sufrir, siempre nos pasa lo mismo con estos equipos chicos”, gritó con bronca un hincha de River. Lo que en el primer tiempo eran cantos y aplausos, en el segundo fueron murmullos y gritos aislados. “Esta noche cueste lo que cueste, esta noche tenemos que ganar”, fue el primer canto generalizado y amenazante de la hinchada del equipo de Nuñez. Los hinchas de Gimnasia parecían disfrutar de esta situación y por eso seguían cantando sin parar. Iban 30 minutos y el equipo de Almeyda no podía marcar la diferencia. La tensión se había apoderado de todo el estadio. Sus hinchas tenían bien en claro que un empate de local ante Gimnasia de Jujuy, era sinónimo de derrota.

El “Chori” Dominguez eludió hábilmente a dos jugadores del lobo jujeño y tiró un centro justo a la cabeza de David Trezeguet, el cual empujó la bola hacia la red. Gol de River. Gritos eufóricos bajaron desde todas las tribunas locales. Un alivio para varios corazones que venían latiendo demasiado rápido a lo largo de toda la tarde. De un minuto a otro, cambió todo el panorama. Parecía como si varios hinchas hubiesen vuelto a la vida. A cinco minutos del final, River pasaba a ganar 1 a 0 y la fiesta se volvía a apoderar del Estadio Monumental.

El pitazo final del árbitro marcó el fin de una jornada futbolística muy intensa. Al igual que los jugadores, los hinchas riverplatenses se abrazaban alegremente. Un simple gol pudo cambiar el estado anímico de casi el estadio entero. La parcialidad local se quedó un buen tiempo cantando y festejando, mientras los simpatizantes del equipo visitante se retiraron rápidamente para emprender lo que sería un largo viaje de vuelta a su provincia. Algunos de ellos se quedaron un rato más sacando algunas fotos, mientras se insultaban con los plateistas de River. Recién dos horas luego de finalizado el partido, se retirarían del estadio los últimos simpatizantes del club de Nuñez, junto con algunos periodistas que se habían quedado cerrando sus informes desde el campo de juego. Las luces se fueron apagando de a poco. La salida de las hinchadas se produjo en calma y sin ningún altercado. Más allá de la tensión vivida por los fanáticos de River Plate durante el partido, ningún hecho de violencia opacó la tarde. Esta vez, ganó el folclore.

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