El protector nocturno

Walter Sánchez es el encargado de la seguridad en la calle Bolivar, en el partido de San Fernando. Sus más de diez años en la profesión lo llevaron a modificar su estilo de vida y comprender la dureza de la calle.

    La seguridad es un tema que desde hace tiempo preocupa a todos los argentinos. El constante crecimiento de esta problemática social, sumado a la ineficiencia de la policía, lleva a la sociedad a tener que tomar medidas extremas. Es así como nacen los denominados “vigilantes callejeros” o más bien conocidos como los “garitas”; un clásico argentino. La dureza de esta profesión no es apta para cualquier tipo de persona. Es aquí cuando nacen historias como la de Walter Sánchez.

Walter Sánchez

El turno de Walter termina a las 7 de la mañana.
FOTO: Marcos Carcavallo

    Walter trabaja 12 horas diarias. Lleva más de 10 años cuidando la calle Bolivar, en el partido de San Fernando. Su vocación por la vigilancia también se ve reflejada en su pasado, cuando custodiaba la puerta de conocidos locales bailables. “Cuidar a la gente me hace sentir bien, siento que contribuyo al bien común”, comenta. Sánchez tiene 42 años y vive en una pequeña casa localizada en el barrio de Garín.  Fanático del fútbol  y de las motos,  afirma que lleva adelante un estilo de vida “austero y optimista”. Sin embargo, reconoce que su profesión lo ha privado de tener amigos y sobre todo, una mujer que lo acompañe. “Me gustaría tener una mujer con la cual pueda compartir todo, pero a esta altura la veo complicada”, cuenta de manera resignada Walter. 

    

La calle Bolivar tiene unas 4 cuadras de extensión y cuenta con un total de 22 casas.
FOTO: Marcos Carcavallo

    La complejidad de los horarios lo llevó a modificar por completo su rutina de vida. “Haber trabajado tanto tiempo en este turno me llevó a vivir al revés de la gente. Cuando ellos se van a dormir, yo recién arranco a trabajar”, dice Walter, con un tono casi irónico. Su día comienza a las 13, tras sólo cinco horas de sueño.  Sabe que tiene poco tiempo antes de emprender su ida al trabajo y por eso, aprovecha ese tiempo para poder disfrutar de sus gustos personales.  El ejercicio físico, una buena película o pasear con su moto, son unas de las pocas actividades que lo ayudan a esparcirse.  A las 19, luego de un extenuante y largo viaje, llega a su garita dispuesto a comenzar una nueva jornada de vigilancia. A veces se olvida de llevar comida, con lo cual pasa a depender de la generosidad de algún vecino. El sueño, la sed y el hambre, son algunos de los enemigos a los que un vigilante debe enfrentar y más aún, en el turno nocturno.

La calle Bolivar

Al caer la noche, la calle Bolivar cambia su apariencia.
FOTO: Marcos Carcavallo

  

     “Esta profesión me enseñó lo que es la calle; me hizo entenderla”,  afirma Sánchez, mientras señala a su alrededor. Sus largas noches patrullando bajo la luz de la luna lo llevaron a vivir situaciones que, según él, lo “curtieron”. Él es consciente que su compleja función muchas veces ha puesto en peligro su propia vida y sin embargo, no siente temor.  “Nunca olvidaré aquel día en que quedé en medio de una balacera entre tres delincuentes y dos agentes de la Policía Federal”, comenta. Walter participó de varios sucesos que lo pusieron cara a cara con la delincuencia. Desde correr a ladrones que intentaban saltar el muro de alguna casa, hasta denunciar tráfico ilegal de droga en la cuadra. Durante su turno, vio la peor cara de la noche y él está seguro de que eso, “lo hizo fuerte”.

La casilla es su único refugio para el frío nocturno.
FOTO: Marcos Carcavallo

  

    Tantos años ocupando la misma garita, llevaron a Walter a ser un personaje querido en la cuadra.  Su constante buena predisposición  y sus fluidos diálogos con los vecinos, son algunos de los factores que lo muestran como una persona confiable. “Lo conozco a Walter desde que comenzó a trabajar aquí. Es muy buen tipo y ha demostrado tener vocación de servicio”, afirma Carlos Lombardi, un hombre de 50 años que vivió toda su vida en la calle Bolivar. “Está siempre atento a todo, nada de lo que pasa en esta calle puede escapar a su mirada”, sostiene Enrique Pinto, quiosquero de la zona. La postura de los vecinos, no son más que evidentes pruebas de la eficacia y dedicación de Walter. Un hombre que  constantemente saca provecho de la dureza de la profesión. Un hombre cuya principal responsabilidad, es el bienestar de los demás.      

 

COMO LO VI

No fue complicado acceder a Walter y sus historias. En todo momento mostró buena predisposición para responder. Su buen sentido del humor y su claridad para describir sus pensamientos hicieron que la charla sea más que fluida. Hubo ciertos temas relacionados a su vida personal, en los cuales mostró cierto hermetismo, aunque eso no fue un impedimento para poder conocer sus largas historias.  

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